miércoles, 9 de enero de 2008

Entrevista con Raúl Quinto

Raúl Quinto nació en Cartagena en 1978 y es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada. Entre sus poemarios publicados, destacan Grietas (Editorial Dauro) y La piel del vigilante (DVD Ediciones), que ganó el premio Andalucía Joven en 2004.

Junto a María Salvador codirige la revista electrónica Oniria, además de codirigir la colección de poesía de La Garúa, editorial que acaba de publicar una reedición de Grietas junto con los hasta ahora inéditos Poemas del Cabo de Gata.

Hemos hablado con Raúl Quinto sobre esta última reedición de Grietas y Poemas del Cabo de Gata.

ENTREVISTA DE MANEL HARO A RAÚL QUINTO
__________________________________________

¿Por qué dices en el prólogo que todo lo anterior a estos poemas es “prehistoria obscena y prescindible”?
Grietas completó mi proceso de formación como poeta. Como digo en el prólogo, lo escribí en 2001 cuando contaba con 23 años, por esas fechas había entrado en contacto en Granada con una serie de poetas jóvenes como Rubén Martín, Daniel Rodríguez Moya, Nieves Chillón… que consiguieron sacarme del encierro poético en el que me hallaba desde siempre, y eso se nota en estos poemas, que son fruto de ese aprendizaje común. Desde que comencé, en plena adolescencia, a escribir poesía hasta esas fechas en las que empiezo a compartir mis poemas con estos poetas (para colmo estudiantes de literatura) había seguido un camino totalmente autodidacta, sin saber exactamente qué era lo que se escribía en mi época y sin conocer ciertos rudimentos básicos del oficio de poeta. Grietas se presenta así como mi primera obra ya madura, con plena consciencia de lo que quiero decir y con el dominio de las herramientas que me permiten hacerlo. Lo anterior son miles de experimentos, la mayoría de los cuales me sonrojarían hoy; mi obra poética comienza con Grietas.

Hablas en el prólogo de la imposibilidad de corregir un poema del pasado. ¿Corregir un poema que escribimos tiempo atrás sería como cambiar el significado de ese poema? Dicho de otro modo, ¿la poesía está íntimamente relacionada con los estados de ánimo de cada momento de creación?
Siempre que se modifique un poema, aunque sea una coma, su significado variará. Pero ese no es el problema, ni tampoco esa ligazón con el estado de ánimo del momento de su creación, porque además no creo que haya una equivalencia entre el estado de ánimo y la escritura ni que haya que establecer ningún vínculo, como si uno fuera reflejo del otro. Es más, mi opción es la de una total asepsia emocional a la hora de sentarse a escribir, para evitar precisamente que pueda haber contaminaciones en el proceso creador.

Cuando hablo de la imposibilidad de corregirlo me refiero a que Grietas está escrito con un lenguaje muy determinado, propio de ese universo y de esa etapa mía como escritor, estamos hablando de 2001, de mi primer libro, después he escrito otros dos, o tres si sumamos Poemas del Cabo de Gata, y mi estilo ha ido mutando, adaptándose, creciendo o menguando, pero ya no puede ser el mismo aunque quisiera.

Podría haber hecho un esfuerzo, pero quería que el libro volviera a las librerías con todas las impurezas de un primer libro, que es lo que es. Esto no quiere decir que esté en contra de esa reelaboración constante de su obra que ofrecen autores como Juan Ramón o Gamoneda. Esa es su opción.

¿Qué ocurre en la vida de un joven de 23 años para que empiece a escribir estos poemas donde el tiempo, la existencia quebradiza, los sueños tormentosos tienen tanta presencia?
Grietas se convierte en la primera piedra sobre la que edifico mi poesía entre otras cosas porque son los primeros poemas donde saco fuera de la literatura a mi yo biográfico, es decir, yo no estoy en Grietas.

Evidentemente en mi vida han pasado acontecimientos, algunos incluso terribles, que estuvieron en el germen del libro y que me permitieron pulsar la tecla oportuna para transmitir ciertas sensaciones que pueblan los poemas, pero lo que hay allí no soy yo. De hecho no hay ningún yo en todo el libro, el personaje poético son unos ellos fantasmales, presos de ese oscuro desmoronarse en el que ciertas realidades sumen al ser humano.

Siempre explico que Grietas intenta sumergir al lector en el pozo mental propio de la vida en prisión, en la droga, en lo que antes llamaban un manicomio, los campos de refugiados o la vida bajo el maltrato, sin ir más lejos, la compañía DATE DANZA ha tomado fragmentos de este libro como base para su espectáculo sobre la violencia de género titulado Signos de Arena.

De todo esto me quedo con el tiempo y unos versos tremendos “cíclica miseria donde el tiempo carece de sentido”. ¿Estamos los seres humanos condenados a una “cíclica miseria” o la “inercia” en el tiempo, de la que también hablas en el poemario?
La cíclica miseria es la que se vive en esas realidades que antes citaba. Cuando todo es caer y siempre no tiene sentido el concepto de tiempo; se supone que el tiempo mide los acontecimientos o acaba desembocando en algún punto, estableciendo asideros para cifrar la realidad, pero cuando sólo hay un acontecimiento repetido infinitamente no sirve de nada.

Por fortuna la vida de la mayoría de nosotros no se rige por esas coordenadas extremas, todo es mucho más apacible y hay que alegrarse por ello. Yo propongo con este libro asomarnos a las grietas que fracturan nuestra plácida realidad, mirar, aunque sea horrorizados, ese mundo que está dentro del nuestro.

Raúl, la arena tiene mucha importancia en el poemario. De hecho, abres Grietas con unos versos de Oliverio Girondo donde la arena tiene mucha presencia; versos de arena, diría yo.
La arena es el símbolo principal del libro, ya desde la cita, como bien dices. Y es así porque es la imagen que representa a la perfección la descomposición de la realidad y la mente, ese continuo caer que antes decía. Suelo explicarlo con un ejemplo gráfico: cogemos un puñado de arena de playa con nuestra mano derecha y cerramos el puño, lo que queda en el hueco de la mano es el yo, si la abrimos comenzarán a caer incontables granos de arena de lo que antes era una unidad.

Hay un verso muy revelador. “El agua siempre borra los signos de la arena”.
Precisamente el verso que la compañía de danza toma como referencia, incluyendo una escena en que la víctima del maltrato que ha sido humillada por su pareja embadurnándola de arena sucia purga su miedo limpiándose con agua, borrando los signos de arena. Ese verso introduce una nota de esperanza en un poemario muy desolador, aunque también puede verse de la forma contraria... Y a pesar de ello posiblemente sea la única verdad sin discusión que haya en el libro, cualquiera que haya caminado por la orilla de la playa sabe que en cuestión de minutos sus huellas acabarán desapareciendo.

El poemario es una reedición que ha hecho La Garúa, ¿cómo se llega al acuerdo de reeditar Grietas?
Mi amistad con Joan de la Vega se remonta a la época en que andaba buscando editor para La piel del vigilante. Me planteó la posibilidad de editar ese libro, pero una semana más tarde de esa conversación se falló el premio Andalucía Joven que gané en 2004 y fue DVD quien se llevó el poemario. A esto se unió el hecho de que la primera y minúscula edición de Grietas se agotó al año siguiente, y que en lo sucesivo muchos poetas que llegaban a leerlo me insistían en que era una lástima que ese libro hubiera pasado desapercibido porque para algunos era incluso mejor que La piel del vigilante... Así que se lo plantee a Joan y este accedió de buen grado, lo que hice fue añadir a la obra original un pequeño y extraño cuaderno de poemas sobre el paisaje almeriense, con el fin de que el libro para La Garúa fuera algo exclusivo.

Los Poemas del Cabo de Gata responden a un triple homenaje según tú mismo mencionas en el prólogo. Uno de ellos es la belleza extrema de sus paisajes y un canto en su defensa. Háblanos de tu relación con el Cabo de Gata y de esas amenazas que ciernen sus paisajes.
Cuando cumplí los 6 años mi familia se trasladó desde Cartagena a Carboneras, un pequeño pueblo pescador e industrial que está en el límite mismo del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, la famosa Playa de los Muertos está en este municipio, para más señas. Esa es mi tierra, allí crecí y allí regreso siempre que puedo, porque están mi familia y mis amigos. Todos esos paisajes que aparecen en el libro los he respirado y vivido. En cuanto a las amenazas, por desgracia son bastantes y tristemente célebres, casi todas tienen mucho que ver con la voracidad del urbanismo indiscriminado, sólo recordar el interminable affaire del Hotel del Algarrobito, que por cierto también está en Carboneras. Estos poemas son otra forma de luchar por la conservación de esta belleza.

Precisamente en el poemario podemos ver imágenes absolutamente terribles del Cabo de Gata, como cielos que se desploman, mares febriles, luciérnagas que se ahogan en el mar, astros que sangran…
El Cabo es un lugar de contrastes violentos, no hay mesura. El mar baña el desierto, los colores chocan entre sí como en ningún otro sitio, la luz desnuda la piedra y deja al descubierto posibilidades infinitas, el azul es más azul, cuando llueve el cielo pesa en los ojos, cuando hay niebla es como si un ala borrara la realidad con el blanco más blanco… sí, es un espectáculo terrible, le recomiendo a todo el mundo que lo visite.

Los otros dos homenajes son a Javier Egea y a José Ángel Valente. ¿Te han marcado mucho su poesía?
Son dos de mis poetas favoritos, a pesar de las grandes diferencias que hay entre ambos, pero si aparecen en el libro es porque los mejores poemas que he leído sobre el Cabo de Gata los escribieron ellos. Javier Egea tiene un libro maravilloso que escribió en la Isleta del Moro llamado Troppo Mare, muchas veces a la hora de escribir mis poemas tomé como pie forzado su verso “Raro este cielo”, aunque luego nunca fueran por ahí los versos siguientes. En cuanto a Valente, estuvo viviendo muchos años en Almería y escribió muchas veces sobre estos paisajes que tanto en común tienen con su poesía.

¿Cuáles son ahora tus intereses poéticos?
Dentro de poco saldrá editado el que sería mi tercer libro de poemas, si dejamos fuera Poemas del Cabo de Gata, en la editorial Renacimiento: La flor de la tortura. Y llevo entre manos algún proyecto creativo a largo plazo como un libro de poemas y un cómic experimental. Por otro lado continúo junto a María Salvador con la revista Oniria y desde este verano estoy codirigiendo la colección de poesía de La Garúa, estamos refundando la editorial y prometemos dar mucha guerra.
Esperaremos ansiosos esos proyectos…

No hay comentarios: