lunes, 14 de enero de 2008

"Colores", Ana Isabel Conejo

Colores
Ana Isabel Conejo
Editorial La Garúa
Género: Poesía
1ª edición, 2007
76 páginas
ISBN: 978-84-935624-1-0

A juzgar por lo que promete el libro antes de leerlo, podríamos decir que Colores es un poemario donde los versos están escritos con un pincel y una paleta de artista. Más todavía, a juzgar por un primer golpe de vista, podríamos determinar que los versos han sido coloreados antes que haber sido escritos. Pero como las obras no se deben juzgar antes de leerlas, me lanzo a la aventura de disfrutar de un poemario que ha sido premiado por la editorial La Garúa y el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet.

Y al abrirlo me encuentro, efectivamente, con unos versos donde el eje principal son los colores. Cada poema está fundamentado en un color, a veces es el blanco, otras el rojo y otras el índigo. Pero cada uno de ellos está además anclado en un aspecto de la naturaleza: un pájaro que vuela en un cielo azul, las hojas de las plantas que pasan del verde vivo al amarillo aletargado...

Lástima que a medida que avanzo en la lectura, empiezo a sentir el tedio de unos versos que no me comunican nada. Veo, sí, un interés en extraer los colores de la naturaleza y de la historia para escribir este poemario, pero al margen de esta extracción pictórica, no veo nada más allá. Un ejemplo de lo que digo son los poemas titulados Arco Iris, El matrimonio Arnolfini, Púrpura... donde parece que le autora haya ido a la enciclopedia y haya hecho un breve resumen sobre lo que ha leído para estructurarlo en forma de poema. Porque en estos poemas no veo la poesía, y no hay redundancia en lo que digo ni razonamientos antitéticos, sino pura y simplemente que son versos donde uno no encuentra la esencia de la poesía.

Esto plantea un sustancioso debate sobre los límites o las características de la poesía. Tanto se ha pensado sobre este tema, que resultaría complicado sacar conclusiones, pero no hay que olvidar que para que un texto sea considerado poesía, no basta con escribir con cierto vocabulario y cierta estructura formal. La prosa es la prosa y la poesía es la poesía y aunque intentemos disfrazar prosa en forma de versos, no implica que consideremos este hecho como poesía. Al menos yo no lo considero. Otra cosa bien distinta es la intención clara y manifiesta de aunar estos dos géneros. Así puede que resulten unos poemas en prosa tan prodigiosos como lo son, por ejemplo, el libro Terraria, de Francisco León, que ganó un año antes el mismo premio. También Baudelarie tenía sus Pequeños poemas en prosa y no le fue nada mal.

Pero uno aquí tiene la sensación de que lee unas reflexiones personales que se han estructurado para decir que es poesía. Insisto, algunos poemas parecen más bien extractos de enciclopedias y diccionarios que expresión poética.

Tampoco me convence del todo algunas asociaciones entre colores y ciertos elementos de la naturaleza o la vida. En otras ocasiones vemos relaciones de los colores con la naturaleza que resultan demasiado obvias.

No quiero decir con esto que lo que plantea Ana Isabel Conejo en el poemario sea insostenible. Hay poemas que resultan entretenidos, como Tintoreros y uno disfruta con algunas imágenes, pero son ideas que más hubiesen servido para un microrrelato que para un poema.

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