viernes, 26 de octubre de 2007

"Terraria", Francisco León

Terraria
Francisco León
Editorial La Garúa (Barcelona, 2006)
I Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere 2005
ISBN: 84-934968-3-9
75 Páginas


El espacio es, creo, lo importante en este poemario. Porque es la justificación para que el yo poético dé rienda suelta a sus necesidades vitales y poéticas. Concretamente la fusión de un espacio físico con un espacio poético, porque existe uno en el otro. Y ese uno en el otro se encuentra en las Canarias, donde nació Francisco León y donde llegó el pintor Pierre Alechinsky.

Porque Alechinsky, como dice el poeta, llegó para sanar de la enfermedad nerviosa que padecía y se encontró con la decepción de unas tierras volcánicas, negras, con lagartos y serpientes, que más le empujaban hacia la intranquilidad que hacia la estabilidad emocional (estamos atrapados en Lanzarote decía el pintor).

Leer Terraria es penetrar en los cuadros de Alechinsky y en su mente, pero también es compartir un espacio y un tiempo con el yo poético que se pasea por paisajes surrealistas donde los peces voladores huyen del mar de la noche para morir en la tierra y donde las playas no son y los caminos tampoco. Es un descenso a las profundidades enigmáticas de la isla de Lanzarote.Y ante este abanico de perspectivas, nos metemos en un mundo extraño, que supera los límites perceptibles y nos empuja a sucumbir en las costras de lava volcánica, a pasearnos por cementerios y tañidos de campanas, a toparnos con aparecidos y con desaparecidos. Hay mucho de surrealismo, ya lo apuntaba antes, el poemario está plagado de imágenes que se van fundiendo las unas con las otras para formar un todo unitario al final del libro donde comprendemos toda la dimensión poética de Terraria.

Terraria nos hace referencia a esos espacios secos del Sur, como del Sur es la desesperación y la muerte. Pero no nos engañemos, estamos ante una muerte tergiversada y enigmática, que anda trastocándolo todo, borrando playas y gentes, descolocando caminos, pero no llevándose nada consigo porque es capaz incluso de desenterrar a los muertos. La muerte, aquí, simplemente aturde.

Que quede claro que no estamos ante una poesía meramente descriptiva o alusiva con metáforas de almacén. Es mucho más: es la necesidad de escribir unos sentimientos e inquietudes que durante tanto tiempo han recorrido la mente del poeta.

Adentrarnos pues en Terraria es entrar en un juego de muñecas rusas: entramos en la necesidad vital del yo poético, que a su vez pasa por el espacio y el tiempo de los cuadros de Alechinsky y que erupciona, como un volcán, en las tierras del Sur, las de Lanzarote.

No resulta extraño que el jurado del I Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere le haya dado el galardón a este poemario. Se disfruta tanto leyendo como imaginando esos extraños y a la vez necesarios terrenos que plagan el viaje poético que hacemos al leer Terraria.

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